Y aunque bajo el mismo cielo estamos, tu y yo seguimos separados. Alejados de mis pasos, lejos de tu mirada. Víctimas de la vida y el destino, de lo único que tengo tuyo son esas palabras dichas tan distantes y el sonido de tu voz. Pero al final nada parece verdadero, yo tan volátil, tu tan efímero; nos vamos perdiendo por el sendero.
Mientras yo estoy dormida sueño que vamos los dos juntitos a un cielo azul, pero cuando despierto el cielo es rojo, me faltas tú. Aunque yo sea culpable vuelve tus ojos, vuelve a quererme.
Como un vicio que me duele, quiero mirarte a los ojos.
11:33 a.m.
Doce horas en un día de veinticuatro bastaron para regalarme un ramo de tristeza, una canción sin melodía cantada con tu voz seca, muerta y sin pasión. Respondí con el mismo afecto a tu llamado, y aún sin entenderlo fingí entender, para no dañarte o para evitar ser lastimada, no sé, qué importa ya. Fueron minutos los que cambiaron mi vida sin pena ni remordimiento, sin consideración y sin explicación. Sin embargo yo te dejé entrar, también fué mi culpa. Aprendí a quererte sin tenerte, aprendí a abrazarte sin tocarte; a verte en mis sueños. Fuiste mejor que mi realidad, ahora es necesario aprender a olvidarte y dejarte ir.
Difícilmente encuentro canciones tan exquisitas como ésta.